Las heridas del pasado suelen tener una forma muy curiosa de hacerse presente en la actualidad. Si las dejas sin atención se pueden volver un ciclo de comportamientos y creencias que se repite sin parar y sobrecargan tus sentidos. Las experiencias de antaño pueden dejar huellas que aunque quisieras que se quedasen en el silencio del pasado, se manifiestan en tus miedos, juicios y dolores. Eso, aunado a la presión cotidiana de todas las tareas y los papeles que manejas pueden agotar tus rescursos y provocar razonamientos pesimistas que acaban por determinar tu estilo de vida y experiencias, llenándote así de dudas e inseguridades.

Aunque difíciles, las heridas del pasado no siempre tienen que evocar sufrimiento. Cuando has hecho tu paz con lo sucedido logras ganarle a la angustia, amargura, y aflicción.
Tienes poder. Tienes el poder del desapego, de la resolución y del cambio de perspectiva, útilizalo a tu favor. Participa en terapia para recibir apoyo genuino y desarrollar estrategias eficientes que te ayuden a resolver lo que ha quedado pendiente. Líberate de lo que ya no te sirve, de aquello que te pesa y de aquello que te duele.